Abstract
El endotelio y la sangre son los dos únicos órganos diseminados en el cuerpo humano y no debiera sor-prendernos que siempre estén uno al lado del otro en un maridaje fisiológico exquisitamente regulado. Entre otros pocos factores críticos, la vida humana depende de que la sangre se mantenga líquida; preservar este estado es resultado del funcionamiento óptimo del sistema de coagulación, contrario a la creencia general de que la función esencial de este es formar coá-gulos. En efecto, la comunicación entre los millones de células de cada humano, su alimentación y oxige-nación, la vigilancia inmunológica y el desecho de sustancias indeseables, entre muchas otras funcio-nes, dependen por completo del estado líquido de la sangre. Por otra parte, del endotelio sano dependen efectos vitales: vasodilatador, antiinflamatorio, anticoagulante, antiangiogénico, antiproliferativo y la regulación siem-pre apropiada de la permeabilidad vascular; en los esta-dos de disfunción endotelial predominan los efectos vasoconstrictores, protrombóticos, proinflamatorios, proangiogénicos, proproliferativos y se pierde la per-meabilidad adecuada. El endotelio sano regula en gran medida los mecanismos inflamatorios y es, por lo tanto, el punto de encuentro de dos sistemas, los cuales hasta hace muy poco tiempo considerábamos separados: coagulación e inflamación. Hoy sabemos que la activa-ción de uno de estos dos se traduce indefectiblemente en la activación del otro, ya que ambos se requieren para la reparación tisular adecuada después de una lesión. Sin embargo, en condiciones patológicas, la activación excesiva y simultánea de los dos sistemas puede tornarse peligrosa. Para resaltar la importancia de esta activación dual, la cual se reconoce cada vez más en el paciente grave, recientemente se acuñó el término "inmunotrombosis". 1,2 Siendo el endotelio la base del funcionamiento ade-cuado del sistema de coagulación, este pierde gran parte de sus mecanismos reguladores si existe dis-función endotelial. Por lo tanto, si para mantener la sangre líquida se requiere la regulación exquisita del sistema de coagulación y esta depende de la función endotelial, todo estado de disfunción del endotelio se asocia con la transformación patológica de la sangre a un estado sólido, fenómeno al cual llamamos trombo; su manifestación clínica, la trombosis, es la primera causa de muerte en el humano. 3 En efecto, los ancianos y los pacientes con enfermedades cró-nicas no transmisibles (obesidad, tabaquismo, diabetes mellitus, hipertensión arterial, entre otras), desarrollan disfunción endotelial (aunque los últimos mucho más tempranamente) y tienen mayor probabi-lidad de morir por trombosis. La infección por el coronavirus SARS-CoV-2 (cau-sante de COVID-19), identificada en diciembre de 2019 en China, ha aumentado exponencialmente en casi todo el mundo. Su tasa de letalidad es baja y la mayoría de los pacientes infectados son asintomáti-cos; sin embargo, un porcentaje de ellos sufre un tipo de falla uniorgánica (insuficiencia respiratoria) y algu-nos progresan a una enfermedad sistémica con falla orgánica múltiple. 4 En algunos casos, la reacción
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Majluf-Cruz, A. (2020). Coagulopatía asociada con COVID y trombosis: oportunidad para cambiar. Gaceta Médica de México, 156(6). https://doi.org/10.24875/gmm.20000569
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